domingo, 7 de julio de 2013

Buscando el rayo verde.

       Julio Verne escribió en el siglo XIX la novela “El rayo verde”, en ella se narra la búsqueda por parte de dos personas de ese inusual fenómeno óptico. El rayo verde sucede solo bajo ciertas condiciones muy especiales de la atmósfera. En realidad no es un rayo al uso lo que se ve, es un pequeño reflejo que se sitúa justo encima del sol en el momento último del ocaso.

        Ayer, emulando a los personajes de la novela de Julio Verne, salimos mi amigo Jose y yo en busca del deseado “rayo verde”, el fenómeno no lo vimos, pero los minutos finales del día viendo al sol zambullirse por el NW en el Cantábrico, fuero apoteósicos…

        Al salir de puerto notamos poco viento dentro de la bahía, nos cuesta un rato escapar de la influencia del monte Jaizkibel que detiene los vientos cuando soplan del W. Pero una vez conseguido llegar a la altura del Cabo de Higer, la brisa comienza a dejarse notar y pronto navegamos a 4 y 5 nudos. Hay cierta mar de fondo lo que hace la navegación más movida que en otras ocasiones, pero esas ondulantes olas auguran una vuelta muy divertida, pues entonces nos llegarán por la popa.

       Salimos unas millas hacia el Norte solo nosotros y otro velero que vemos por estribor, parece que nadie más quiere ver el espectáculo. Rápidamente dejamos atrás el faro de Higer y enseguida notamos como el sol ya va cogiendo tonos más naranjas mientras cae hacia el mar. Poco a poco va descendiendo, mientras tanto nosotros seguimos navegando hacia el N viendo todo aquello. El mar quiere contribuir al momento y la superficie se tranquiliza algo. Pronto sacamos las cámaras de fotos y comenzamos a disparar y grabar vídeo, son unos minutos…sublimes.

      El sol ya se ha ido, el otro velero que veíamos decide dar la vuelta, nosotros esperamos aún unos minutos. La oscuridad se va acercando y al rato ponemos proa a Hondarribia, el viento nos entra ahora por estribor. Comienza el surfeo con las olas, apenas llegan al metro y medio pero es suficiente para hacernos pasar un buen rato. Zaldi nos trae a casa sobrepasando los 5 nudos y a la altura del faro de Higer la oscuridad ya es total. No tardamos en volver a notar la influencia del monte Jaizkibel haciendo de barrera al viento del W, la velocidad disminuye y nos acercamos al estuario del Bidasoa a 2-3 nudos. Situados frente a la playa de la localidad costera decidimos arriar velas y ponemos motor.

     Tanto Jose como yo hemos disfrutado de nuevo con el viento. El rayo verde no ha acudido a la cita, ello nos vale de excusa para volver a salir otro día de nuevo y buscarlo allí lejos, en la línea del horizonte.

 

domingo, 30 de junio de 2013

Zaldi vuelve a navegar.

         Navegamos de nuevo, Zaldi está como un pincel y los trabajos efectuados en el casco se dejan notar. El barco navega fácil y los rumbos en ceñida sufren menos de abatimiento.

      El viernes quedo a media tarde con mi amigo Jose (más conocido como Morikris), la intención es navegar esperando a la noche y luego entrar a la bahía de Txingudi a dormir a bordo fondeados. Las previsiones se desvían algo y regresamos un poco antes de lo previsto, la noche nos alcanza entrando en la bahía. Apenas hay mar de fondo y un suave pero constante viento del W nos ha hecho navegar unas horas a buen ritmo. He podido comprobar hasta que punto un casco recién pintado puede hacer mejorar la dinámica del barco.

 

Jose gobernando.

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Atardecer

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La navegación de la tarde.

Por la tarde

Dormimos plácidamente en el fondeadero que hay frente a la escuela de vela de Hondarribia. Allí, nos amarramos a una boya, el mar está como un plato y el barco apenas se mueve. Zaldi nos acuna como si fuéramos sus hijos y el sueño nos alcanza pronto, un rato de conversación y enseguida caemos en los brazos de Morfeo…

 

Durmiendo en su litera

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Desayuno a bordo

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         La noche pasa sin ruidos, sin sobresaltos, ¡ qué bien se duerme a en el barco ! Tras desayunar no tenemos muy claro lo que vamos a hacer, optamos por salir a la bahía y comprobar que viento hace. Allí, una vez con las velas izadas, nos damos cuenta que hay un suave viento terral del S que sopla constante, navegamos hacia Las Gemelas de Hendaia y una vez alcanzadas ponemos proa al N, el viento terral nos saca de la bahía a buen ritmo, navegamos a 5 nudos. Por el canal 16 del VHF radian el parte para aguas costeras y anuncian que el viento rolará para colocarse del W y NW. La mar mar está perfecta para navegar y decidimos poner rumbo a St Jean de Luz, si el viento rola al NW como anuncian, tal vez la navegación para volver no la tengamos demasiado complicada.

       Disfrutamos de lo lindo en la ida, el viento parece que empieza a desplazarse algo hacia el W y Eolo nos entra por la aleta del barco, es sin duda la navegación más cómoda y segura, Zaldi no escora y nos lleva a buena velocidad, los 5 nudos aparecen constantemente en la pantalla del gps. Desde que salimos de nuestro fondeadero en Txingudi no han pasado aún dos horas, cruzamos eufóricos la muralla de la entrada a la bahía francesa. Pero nuestros planes pasan por llegar a Hondarribia a comer, asi que no perdemos mucho tiempo y salimos de la bahía enseguida, el viento se ha establecido ya del W y navegamos +/- al 330º a un descuartelar. Queremos ganar Norte para luego poder navegar al SW hacia Hondarribia, si el viento se comporta según lo anunciado, y rola algo al N, tendremos mucha suerte y volveremos a buen ritmo. Navegamos unos 40 minutos en ese rumbo, NW, y luego viramos, nuestro rumbo pasa a estar ahora entre el 220º y el 230º, SW.

       Notamos como el viento poco a poco parece que quiere establecerse del WNW y avanzamos a buen ritmo, en menos de una hora nos plantamos cerca los bajos que hay frente a Las Gemelas, atravesar la barrera de bajos no es buena idea, no seríamos el primer barco en irse a piqué en ese punto. Por ello, viramos de nuevo hacia el N y buscamos el paso adecuado separándonos más de la costa. Al rato, cuando ya creemos que podemos dejar por babor los bajos, viramos de nuevo y tenemos ya el mar libre de peligros por proa. Ponemos de nuevo rumbo SW, y con un viento de través nos vamos a rumbo directo hacia la desembocadura del Bidasoa. Alcanzamos el estuario en poco más de media hora y allí damos por terminada la navegación a vela, ponemos motor y nos vamos a puerto, nos esperan para comer…

Navegación a St Jean de Luz

A St Jean de Luz

 

Las imágenes del finde.

    

martes, 18 de junio de 2013

Mi velero y yo

         Suele ser habitual que en toda relación afectiva se pasen por momentos en los que afloran instantes de intimidad, esto, entre personas se deduce sin problemas, pero si se trata de una relación persona-barco el asunto cambia. Puede que no sea sencillo entenderlo, pero por lo que he leído entre numerosas páginas escritas con sabor a salitre, ocurre con frecuencia. Me refiero a sentir por él, a ser parte de él, a quererlo, ser el uno parte del otro.

       Hace 20 meses que compré a Zaldi, un viejo velero de 30 años. La parte débil de las embarcaciones suele ser el casco y especialmente la zona que va sumergida, la obra viva, hablando con propiedad. Lo habitual suele ser que cada año se saque la embarcación a dique seco, se limpie y se repinte con una pintura antiincrustaciones. Por ello y con algo de retraso sobre lo acostumbrado, hace 3 semanas que Zaldi salió del mar, pero mi intención era otra que la de simplemente limpiar y pintar, iba a someter a mi velero a un tratamiento más concienzudo…

       Me propuse dejar la obra viva sin las diferentes capas de vetustas manos de pintura, sabía que me iba a costar lo suyo, pero ya que era la primera vez que yo sacaba el velero a tierra pensé que era lo correcto. El día que me tocó sacarlo estaba el cielo gris, con fuerte viento y lluvia casi constante, desde mi punto de atraque hasta la zona de carenado en el puerto deportivo son poco más de 10 minutos de navegación, pero puedo asegurar que fueron unos minutos de fuerte pelea con el viento en contra y el agua golpeándome en la cara. Para sacar el barco a tierra se asigna una hora a cada barco, de ahí que tuviera que hacerlo sí o sí ese día y en ese momento, mal empezaba la cosa…

       Cuando entré el el puerto deportivo ya vi que el travelift estaba esperándome en su sitio, al ser Zaldi un barco pequeño la maniobra de izado la realizó sin problema y en unos pocos minutos. Enseguida Zaldi fue llevado a las cunas donde iba a descansar en los días siguientes, y lo primero de todo fue someter al casco al fuerte chorro limpiador de agua de una karcher, así intenté quitarle las incrustaciones y algas que se habían adherido a su casco desde su último pintado.

El día de la salida del mar, Zaldi transportado por el travelift.

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Descansando en sus cunas

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Quitando incrustaciones con la rasqueta

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       Tras pasar la karcher al casco me percibo de que he cometido algún error, debido a mi inexperiencia he arrimado demasiado la boca de la  hidrolimpiadora al casco. Eso ha hecho que en algún pequeño punto el gelcoat se levante dejando a la vista la fibra del casco, ¡ que torpe ! me digo a mi mismo.

      A continuación llega el turno del pelado del casco (eliminar las viejas capas de pintura), para ello comencé con una lijadora eléctrica pero enseguida me di cuenta de que aquello podía ser eterno. Una persona que me vio allí me aconsejó utilizar decapante, así lo hice y solo puedo decir alabanzas del producto. El decapante se aplica con una brocha y se deja que actúe unos 10 ó 15 minutos, seguidamente con una rasqueta y sin apenas esfuerzo se va recogiendo toda la vieja pintura del casco que ha sido reblandecida por el producto. Muy importante, no olvidar usar guantes, el decapante ataca a la piel de forma muy agresiva, a mi se me rompió un guante en un momento dado y el dedo sufrió las consecuencias…

 

El decapante usado

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Y el dedo afectado

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Desconchones de gelcoat

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         Tras limpiar a conciencia con rasqueta consulto con algún amigo, y experto en estos temas, una solución para los desperfectos del casco. Mi amigo me inspecciona el casco y su respuesta es clara y rápida, “utiliza epoxi para sellar el casco”. Mi amigo me pone al corriente de varias marcas que él conoce pero me aconseja la que usa, West System. Me da unas concretas instrucciones de uso del producto, seguir sus consejos al pie de la letra fue decisivo para el óptimo resultado final de los arreglos.

 

El epoxi, el catalizador para conseguir la mezcla y los polvos de silicio para engordarla y poder trabajar con ella.

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         El epoxi requiere usarse respetando concienzudamente las proporciones de la mezcla, hay que usar una parte de catalizador por 5 partes de Epoxy. Para conseguir las proporciones adecuadas la marca vende unas mini bombas que extraen los líquidos de sus embases con las cantidades justas de cada uno. Dichas mini bombas cuestan la friolera de 33 euros la pareja, asi que mi amigo me aconsejó usar un método igualmente fiable, dos jeringuillas graduadas de gran capacidad de 6 cl, pude encontrarlas sin problema en una farmacia bastante más baratas que las mini bombas, 5 euros la pareja.

Para trabajar con mezcla es necesario engordarla, ya que de por si es bastante líquida y no nos valdría para trabajar sobre una superficie vertical. Para ello, hay que sumar a la mezcla resultante del epoxy y el catalizador, polvo de silicio. Este lo iremos añadiendo poco a poco hasta conseguir el engorde deseado, para hacerse una idea del mismo imaginar la textura de una pomada.

 

Imágenes de la mezcla conseguida lista para trabajar

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      Existen dos tipos de catalizadores para conseguir la mezcla, la diferencia radica en el tiempo que nos dejará la mezcla optenida trabajar con ella antes de que se endurezca, son los catalizadores rápido 205, y el lento 206. Yo usé siguiendo los consejos recibidos el lento, este me permitió trabajar con la mezcla entre 20 y 30 minutos, hay que saber que la temperatura ambiente afectará al tiempo óptimo de trabajo con las mezclas. Así, por ejemplo, el primer día trabajé a unos 18º ó 20º C y la mezcla la podía usar durante casi 30 minutos, pero al día siguiente trabajé a más de 25ºC y apenas podía trabajar 20 minutos antes de que se endureciera. Otra cosa muy importante, hay que ir haciendo mezcla en cantidades pequeñas, de manera que nos de tiempo a aplicarla antes de que se seque y no desperdiciar nada, las cantidades con las que yo trabajé fueron 5ml de catalizador por 25 ml de epoxi, de esta forma conseguí no desperdiciar mezcla y trabajar seguro con ella.

        Tras reparar con epoxi los daños, procedí a desengrasar con acetona todo el casco y posteriormente lijarlo. Aquí tengo que nombrar y agradecer a mi amigo Juanan que me prestó su lijadora orbital. Una vez que lijé, lavé y sequé toda la obra viva del casco este ya estaba preparado para recibir dos manos generosas de imprimación de epoxi. Utilicé imprimación epoxi Titan yate, la primera mano se la di el viernes sobre las 15 h y la segunda el sábado a las 14 h. Luego volví a lijar con un grano muy fino y dejé preparado para pintar el domingo.

 

Con la imprimación dada

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        La orza recibió un tratamiento contra el óxido, lo hice siguiendo igualmente consejos de personas puestas en la materia. Al apéndice inferior del barco le apliqué Xylacel metal, una imprimación que transforma el óxido.

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La orza con el tratamiento recién aplicado

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Y con el tratamiento ya seco

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       El domingo al mediodía llegó el turno de aplicar la pintura antifouling, salió un día muy caluroso por lo que las dos manos pude aplicarlas con un par de horas de diferencia, una vez pintado el barco daba gusto verlo listo para navegar, el momento de devolverlo a la mar sería al día siguiente.

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Devolviéndolo a su medio

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Algunos consejos y conclusiones sacadas del trabajo:

       Usar ropa y protección adecuada, los productos que se manipulan son tóxicos y conviene taparse bien, yo utilicé gorros desechables, máscaras con filtro, gafas protectoras, y guantes de vinilo.

        Decapar un casco de antiguas pinturas, lijarlo, aplicarle epoxi, darle imprimación y pintarlo es un trabajo que exige paciencia y dedicación, no hay que tener prisa, más vale perder un día más en dique seco que hacerlo a medias. No son trabajos complicados, pero conviene dejarse aconsejar por quien sabe, yo así lo hice y me fue bien, nunca había hecho algo parecido, mi relación con la pintura y rodillos no iba más allá del pintado de las paredes de casa… Ha sido mi primer pintado de un casco, por ello no puedo más que sentirme satisfecho por el trabajo realizado.

       Podría decirse que he intimado con mi velero, he visto sus heridas de guerra producidas en los 30 años que lleva a flote, le he acariciado estando desnudo sin pintura y casi casi podía escuchar, escondida entre las antiguas capas de pintura, alguna ola del Mediterráneo…Zaldi, mon amour.

domingo, 19 de mayo de 2013

Demasiados kilómetros, “anhelo soltar lastre, librarme de las cosas…”

 

        Ayer, al llegar a casa tras terminar el trabajo, leí una frase que hizo revolver algo dentro de mí, “anhelo soltar lastre, librarme de las cosas, acumular menos, depender menos, moverme con más sencillez”.

      ¡ Cuantos deseos esconden esas palabras !, “parece que lean mi el pensamiento…”, pensé. Llego a casa cansado, con la cabeza aún en otro mundo, en el mundo de la antxoa que se está pescando en estas fechas…un mundo de gritos, de prisas, un mundo de cierta avaricia, de mentiras y mentirosos, de pesca mal pagada, un mundo que está logrando saturarme, demasiados kilómetros…

      El cuentakilómetros se puso a cero allá en los primeros años de la década de los 80, entonces comencé viajando con mi padre. Al cabo de unos años tuve que hacerlo ya solo y así sigo a día de hoy, sumando kilómetros solo, demasiados kilómetros…

      La cifra exacta claro está que no la sé, pero hace tiempo ya que dejé atrás los 4.000.000 de km recorridos, demasiados kilómetros…

     Esos más de tres millones de kilómetros son muchas vueltas a este planeta en el que vivimos. Son vueltas que en realidad no he dado y sin embargo sueño con frecuencia con una sola de ellas, una que me lleve sin prisas, una que me lleve el tiempo de una vida si hace falta, viajar sin prisas, vivir para viajar, y no lo que hago ahora, viajar para vivir.

      La frase, la que leí al llegar a casa, fue pronunciada por Peter Matthiessen, naturalista y escritor, leerla en ese momento fue todo un revulsivo, un estímulo, estuve un buen rato dándole vueltas a esas palabras intentado hacerlas mías, yo también quiero soltar lastre, librarme de las cosas, acumular menos, depender menos, y sobre todo moverme con más sencillez, sin tantos kilómetros, sin demasiados kilómetros…

      Esta vida que llevamos no tiene sentido, o cada vez lo tiene menos, olvidamos fácilmente lo felices que que podemos llegar a ser con algunas cosas sencillas. Pero mi rumbo lo veo cada vez más nítido, la aguja de mi brújula, o compás, como se dice en la mar, está fija. En mi derrota no hay espacio para el abatimiento ni la deriva.  Mi barco navega hacia un lugar donde lo sencillo ocupa todo el espacio, sé que es un destino complicado de alcanzar, pero estoy seguro, cada vez me quedan menos kilómetros para llegar, procuraré que sean los menos posibles.

     

        Entro en casa, cansado, mi ropa huele a pescado. Silencio en la cocina, silencio en las habitaciones, no hay nadie en casa.

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         Pongo música, alguien canta en francés, un fría cerveza corre por mi garganta mientras me dispongo a limpiar pescado para la cena. Hoy el mar nos ha regalado unas antxoas, estamos en temporada. Limpiar pescado, escuchar música, una cerveza fría, que poca cosa me hace feliz, pienso.

        En unos minutos el pescado está listo y preparado, pronto caerá acompañado de unas finas láminas de ajo sobre el aceite caliente. La canción en francés ha terminado y la botella de cerveza está vacía, se ha terminado lo bueno, enseguida viene lo mejor, cenaremos esas antxoas que llevan, como yo, demasiados kilómetros. Vienen navegando desde aguas profundas, allí pasan el invierno, pero al llegar la primavera algo ocurre que son llamadas a ocupar aguas someras. Por el mes de Abril comienzan a acercarse a la costa hasta que una red se interponga en su viaje, de esa forma son sacadas de la mar, una mar que a ellas les da la vida y a nosotros también.

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            Antes de cenar damos un paseo por el puerto, por el deportivo, no por el del trabajo. Caminar por los pantalanes donde reposan amarrados decenas de veleros me reconforta. Mientras mis pasos me llevan de aquí para allí, sin rumbo fijo, mi vista se fija en algunas de esas embarcaciones que son impulsadas por el viento, leo sus nombres y algunos me invitan a soñar despierto, me veo agarrado al timón de algunas de ellas, un destino que poco a poco lo percibo cada día más próximo, menos incierto. Mientras deambulamos entre los barcos le cuento a mi mujer mis sueños, con su mirada sé que me comprende, aunque también que no comparte toda la historia… He intentado buscar un cómplice entre mis amistades, alguien con quien compartir calmas, vientos fuertes y olas, anocheceres y amaneceres y noches de estrellas y luna, pero bajar de las montañas para venirse a la mar no es fácil, está claro que las montañas les tienen bien sujetos.

        En nuestro pasear escucho el sonido de las estachas al ser tensadas por el movimiento de los barcos y los pantalanes flotantes, hay mar de fondo y el agua sube y baja a su antojo intentando escapar de los muros que la oprimen. Hoy el viento sopla flojo y los obenques no silban, solo se escucha a las gaviotas en su ir y venir y el crujido de las amarras realizando su trabajo en las cornamusas. En la zona de carenado hay algunos veleros en dique seco, los están limpiando y aplicando la pintura contra las incrustaciones, sus dueños se esmeran para dejarlos relucientes. Dentro de un par de semanas será el turno de sacar mi velero, en unos días Zaldi volverá a estar impecable y listo para navegar y yo seguiré aprendiendo ese arte que es navegar a vela.

       Estamos en Mayo y sin embargo el viento, aunque suave, aún es fresco, el paseo llega a su fin. Unas nubes oscuras que llegan por encima de Jaizkibel amenazan el tranquilo atardecer y todo apunta a que quieren descargar sobre Hondarribia, parece que las predicciones van a acertar, si mañana también lo hacen me temo que no habrá paseo. Hecho mucho de menos las noches de verano a bordo de Zaldi, dormir mecido por el mar tras haber navegado bajo el manto estrellado es… no tengo palabras.

           

miércoles, 8 de mayo de 2013

Regata “La Gaviota”, 50 millas por el Cantábrico.

           Cuando el jueves recibí la llamada en la que me invitaban a formar parte de la tripulación del Xibika, un flamante First 38, para participar en La Gaviota, me faltó tiempo para decir sí. Las predicciones de viento eran de un NE suave aumentando al mediodía hasta casi 10 nudos, y disminuyendo a última hora de la tarde para quedar en unos flojitos 3 nudos. La mar ayudaría lo suyo con una casi inexistente mar de fondo que permitiría aprovechar todo lo posible el suave viento previsto.
           A primera hora de la mañana nos juntamos en el puerto de Zumaia, ya que el barco está amarrado en este puerto, los 5 tripulantes. Lo primero de todo, me dicen, será cambiar las velas, van a colocar unas de fibra de carbono que rinden más que las que trae de serie. Entre quitar y poner se nos va una hora y con los nuevos trapos ya en su sitio partimos enseguida hacia Getaria, lugar de inicio de la regata. Llegamos a Getaria a las 11´30 h, aún queda 1/2 hora para la salida y los barcos buscan ya un buen sitio para la misma. Hay más de 20 veleros inscritos en la regata y la bahía de Getaria es un ir y venir de embarcaciones intentando colocarse lo mejor posible.
        Son las 12 h, dan la salida, hay que navegar primeramente hasta una boya situada al NW y allí virar hacia el NE para encarar ya el largo de ida ida hasta la plataforma “La Gaviota”. El viento parece que quiere portarse y como estaba anunciado ha comenzado a subir un poco en intensidad, entra desde el NE y nuestra táctica va a ser navegar primeramente de través, lo haremos así hasta conseguir situarnos en la misma latitud, más o menos, que la de la plataforma “La Gaviota”. Una vez conseguida esa latitud sacaremos el spi y navegaremos con el viento de aleta, buscaremos con la mirada la boya colocada a 1 milla al SE de “La Gaviota” que marca el punto de retorno.
La Gaviota
        Algunos barcos comienzan a dejarnos atrás y a otros los dejamos nosotros. La mayoría opta por navegar a una distancia no muy lejos de la costa, pero nosotros queremos probar algo diferente y poco a poco ponemos rumbo NW entre el 295º y el 300º. A poca distancia de nosotros se sitúa otro velero, al que nosotros denominamos “el 53”,  ya que lleva esos números en su matrícula. Parece que este velero ha tenido la misma idea y se mantiene a unos 200 metros de distancia por detrás. Pero antes de llegar a los 43º 30', que es la latitud de “La Gaviota”, el 53, saca su spi y varía su rumbo navegando de aleta al 270º. Nosotros insistimos en nuestra táctica y continuamos aún durante media hora más navegando al 300º.
      Llegamos a la latitud 43º 30’ y desplegamos nuestro spi, para entonces el 53 se ha adelantado ya algo. Por si fuera poco, el viento ha perdido algo de fuerza y nuestra idea de navegar ahora rápidos con el spi se está esfumando, mala suerte. El 53 nos ha sacado un buen cacho y va a llegar antes a “La Gaviota”, nos contentamos con la esperanza de poder darle alcance en el regreso, intentaremos aprovechar las buenas maneras de nuestro barco navegando contra el viento.
      Viramos en la boya situada el SE de “La Gaviota” y al encarar el SW vemos que el 53 está a una milla de distancia, pero nuestro propósito es claro, darle alcance y superarlo. El Xibika comienza navegar como el sabe y pronto alcanzamos y superamos los 6 nudos de velocidad, el viento se mantiene entre 6 y 8 nudos del NE y al cabo de una hora nos damos cuenta de que la distancia con el 53 se ha reducido. Navegamos pendientes del trimado de las velas para sacarles el máximo rendimiento y nuestro trabajo pronto da sus frutos, la distancia con el 53 se ha reducido mucho y vemos factible superarlo.
       La previsión del viento decía que a las 20 h el viento caería de forma clara y parece que se cumplirá, ya nos cuesta superar los 5 nudos de velocidad pero el 53 es nuestro. Por estribor vemos otros dos participantes que han perdido fuelle y decidimos ir a por ellos también, el Xibika se está portando a pesar del flojo viento. Para ayudar a las velas nos colocamos todos a sotavento, el patrón se da cuenta de que llevamos los depósitos de agua llenos, son más de 200 kg de lastre que podemos prescindir de ellos, abrimos los grifos y vaciamos. El viento es ya muy flojo y algún velero tiene serios problemas para poder avanzar, lo superamos también y van 4 ya en la vuelta. La noche nos ha alcanzado, estamos a menos de dos millas del ratón de Getaria, el faro nos guía.
       Sobre las 22´30 h nos dan por radio el “TOP” de llegada, nos felicitamos, por detrás aún quedan bastantes barcos por llegar. Nosotros ponemos motor y nos vamos a Zumaia, puerto base del Xibika. Allí arranchamos el barco y damos por terminado el día cuando el reloj marca ya casi las 24 h,  ha sido un día largo e intenso. He participado en mi primera regata de una distancia respetable ( al menos para mi, la distancia ), una experiencia fenomenal.
       Reconozco que la competición no es lo que más me llama, pero hay que ver lo que se puede aprender en un día como este…
      Poco a poco estoy notando como los brazos de Neptuno me abrazan más y más, el mar, y más concretamente navegar a vela, ocupa en esta fase de mi vida un hueco cada vez mayor., será el embrujo del mar, será el canto de las sirenas… 
Dejo un vídeo con imágenes de la regata.