sábado, 15 de septiembre de 2012

Como la magia, pero de verdad…

      Tras la primera experiencia nocturna a bordo, había que repetir. Tenía pendiente desde hacia un tiempo una visita de mi amigo Jaime, que mejor escenario para saldar la deuda que un atardecer de verano a bordo de mi velerito.
      Para Jaime no ha sido ni mucho menos su primera navegación, pero para mí si ha sido la primera con él, un placer. Las previsiones eran buenas, viento suave de 7-9 nudos de NNE, buena mar, y tiempo bastante despejado. Nuestros planes pasaban por navegar en la oscuridad unas cuantas millas tras ver el atardecer, luego regresaríamos a la bahía de Txingudi para cenar y dormir a bordo. Pero está vez el viento no cumplió y falló en su cita, nos dejo tirados… Apenas pudimos sobrepasar el Cabo de Higuer, allí el mar se volvió una balsa de aceite, disfrutamos mucho del mágico atardecer pero ya veíamos que tendríamos que regresar a motor. La oscuridad llegó tras irse a dormir el astro sol y nosotros nos dirigimos a la boya de unos amigos dispuestos a pasar la noche fondeados.
        Como es costumbre en Jaime, trajo una cena suculenta, calentamos una buena cazuela de carne guisada con hongos que regamos con txacoli. Luego llegó el café que alargó la tertulia, cerca ya de medianoche cerramos los ojos en las literas y soñamos con sirenas…
Durante el atardecer conseguimos sacar una bonita colección de fotos. Son momentos en los que la magia hace acto de presencia, solo hay que creer en ella para poder verla, de verdad…
Jaime
 Atardecer con Jaime (2)



El sol se escode tras el faro
Atardecer con Jaime (5)

Comienzan los juegos de luces
 Atardecer con Jaime (7)

El sol por proa
[Atardecer con Jaime (9)
 
Una txipironera solitaria
Atardecer con Jaime (13)

Foto de Jaime junto al faro.
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Cielo amarillo, ( foto de Jaime )
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Con viento de popa ( foto de Jaime )
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Sin palabras ( foto de Jaime )
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El extremo del Cabo de Higuer ( foto de Jaime )
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Bajo la botavara ( foto de Jaime )
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El autor ( foto de Jaime )
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domingo, 9 de septiembre de 2012

Mi primera noche

         Llevaba ya tiempo con la idea en la cabeza, pero se tenían que alinear, como lo hacen en un eclipse la luna, la tierra y el sol, diversos factores para que me decidiese a salir a navegar buscando mi primera noche. Este pasado viernes se dieron las condiciones esperadas, un finde por delante, buen tiempo, buena mar, viento suave, y compañía. Esto último no tenía que ser obligatorio, pero si podía ser mi primera noche prefería compartirla. Un amigo de Donosti se apuntó a la experiencia. Tras haber visto el reportaje de Hooper mis ganas habían aumentado, ¡ tenía que hacerlo ya !
        Mi velero no tiene instalación eléctrica, asi que el tema de iluminación estaba claro, tendría que ser con batería recargable o pilas. Para las luces de costado he colocado dos portátiles con pila que me dan, según el fabricante, una autonomía de unas 6 horas, más que suficiente para lo que yo quería hacer, mi idea era estar unas 3 horas como mucho a oscuras. Para la luz de popa opté por un potente farol de batería recargable que podía convertirlo de "luz de alcance a luz todo horizonte" fácilmente. Navegando a vela lo utilizamos de “luz de alcance”, y cuando entramos a puerto a motor con las velas abajo lo usé como luz “todo horizonte”.
      Una vez resuelto el tema de iluminación solo quedaba soltar amarras, sobre las 19 h salíamos por la desembocadura del Bidasoa. No había mucho viento, bueno, mejor diré que había poco…
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         Al final de los espigones, en la salida al mar, subimos velas. Allí estuvimos unos minutos intentando que las velas recogieran algo de brisa, pero nada, el poco viento que había llegaba del Oeste y el monte nos tapaba ese costado. Optamos por bajar el génova y salir un rato más a motor con la mayor arriba. Avanzamos hacia el norte unos 10 minutos más y pronto nos dimos cuenta que empezaba a entrarnos por el costado de babor una suave brisa, no lo dudamos, volvimos a subir el génova y paramos motor, las velas comenzaron a recoger viento y empezamos a navegar suavemente, entre 2 y 3 nudos de velocidad. Sobrepasamos el Cabo de Higuer y la brisa aumentó algo, hacíamos un través hacia el norte que nos llevaba a 4 nudos. El sol comenzó a caer volviéndose una bola naranja.
Zaldi navegando hacia el Norte
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Mi compañero disfrutando                                                      
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Una bola de fuego sobre el mar
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Yo también disfruté con el espectáculo.
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       Allí, a unas 5 millas del Cabo de Higuer esperamos a la noche, fueron unos minutos para saborearlos… Y nunca mejor dicho por que aprovechamos para cenar algo mientras las tinieblas se iban adueñando del mar. Tras la fugaz cena, pusimos proa a Hondarribia y pude comprobar la enorme utilidad que proporciona un faro en la costa, fue nuestra referencia en todo momento para volver a puerto, bueno, el faro y el GPS… El suave viento no cesó en ningún momento mientras estuvimos fuera, incluso se intensificó algo en algunas pequeñas rachas y nos llevó hacia tierra sobrepasando los 5 nudos en ocasiones, íbamos envueltos en una oscuridad un tanto inquietante… Escuchar el mar en la oscuridad es algo a lo que no estamos acostumbrados, yo al menos.
Se ven algunas luces de la costa y un punto brillante, que es el faro de Higuer, a la derecha de los obenques
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        Una vez situados frente al Cabo de Higuer comencé a identificar otras señales luminosas, la marca luminosa del espigón del puerto de pescadores, las luces roja y verde que delimitan la desembocadura del Bidasoa etc. Creo que fue toda una lección práctica de navegación nocturna.
       Tras situarnos frente a la bocana del Bidasoa, el viento disminuyó sensiblemente y entramos a motor por el estuario. Para mi ha sido una experiencia fenomenal, de nuevo he podido aprender nuevas cosas, creo que repetiré pronto si se vuelven a dar las condiciones. Navegar de noche tiene algo de mágico.

jueves, 6 de septiembre de 2012

El viento de la felicidad

        En mi hacer diario estoy rodeado de ruidos de motores, de un ir y venir de cajas apiladas de pescado, del bullicio de los que compran y de los que venden, de un penetrante olor a salitre mezclado con gasoil… . Cuando acabo el trabajo a primera hora de la tarde siento que necesito escapar de todo ese ajetreo que muchos días llega a saturarme.

        Hace poco pude escuchar a un navegante argentino que debía de pasarle algo parecido a mi. Él vive, para suerte suya, en un barco y a menudo al regresar a su morada flotante después del trabajo, pone tierra de por medio. Durante unas horas suelta amarras, se va a la mar. Allí, dice el, encuentra la felicidad, el viento se la trae.

        Llevo probando su terapia unas cuantas tardes, si consigo convencer a algún amigo para que me acompañe, pues fenomenal, pero si voy solo hablo con el mar.

        Unas oscuras nubes llevan anunciando desde hace ya un par de semanas que el verano se acaba. Los atardeceres templados tocarán pronto ya a su fin por este año, habrá que usar en el barco ropa de abrigo y botas de agua cuando salga a navegar. Durante los últimos días ha soplado con frecuencia del Norte, pero ayer cambió a Oeste.

         Una de mis hijas quiso acompañarme, juntos pudimos ayer disfrutar de una de las últimas tardes templadas de este año. Navegamos al Norte unas 5 millas, separándonos de las laderas de Jaizkibel, el mar estaba amable y nos fuimos alejando con facilidad. El viento, que al salir nos entraba por el costado de babor nos llevó con una escora que al principio a mi hija le asustó un poco. Pero la puse al timón, primero su mano y la mía juntas asiendo la caña con firmeza, no tardó en darse cuenta de que el viento no era un fiero león, me pidió llevar ella sola el barco y así lo hizo. Fue entonces, cuando sus manos eran las que gobernaban, cuando vi en su cara que estaba disfrutando, el viento le traía felicidad.

P1020179 [DVD (NTSC)]

 

domingo, 19 de agosto de 2012

Navegando a Donostia, dormimos en La Concha.

                          Hacía ya unas semanas que se nos ocurrió que podíamos realizar los 4 de casa esta aventurilla, se que es una travesía corta comparada con la que realizan muchos otros y no digamos ya con los aventureros que se lanzan a travesías transoceánicas. Pero para unos novatos donostiarras como mi mujer y yo, ha sido todo un acierto adentrarnos en este mundo de las noches a bordo durmiendo en nuestra bahía, la bahía de La Concha. 
        Una cosa me ha llamado la atención de la capital guipuzcoana, el espacio dedicado a recibir a veleros en travesía es ridículo. Sí, ya se que el puerto donostiarra es muy pequeño y que la demanda de pantalanes es enorme, pero creo que al menos debería de existir un servicio de boyas de fondeo para tal uso, no digo colocar un gran número de estas, pero pienso que colocar algunas para cubrir este hueco podría tenerse en cuenta.

jueves, 2 de agosto de 2012

Navegando junto a Las Gemelas.

        El martes pudimos disfrutar de un día espectacular navegando frente a Iparralde, el viento estuvo presente toda la tarde y hasta podría decirse que fue muy generoso. Eolo soplaba desde el Norte con un toque del Este con una fuerza de entre 10 y 12 nudos con alguna racha de poco más.

       La marea estaba alta y la mar de fondo brillaba por su ausencia, era el día perfecto para tentar un poco a la suerte...La idea de navegar frente a las gemelas me rondaba desde hacía unas semanas, allí hay que navegar por un paso delimitado por un lado por la propia costa y por el otro están los bajos conocidos como Las Erretas, son unos 400 metros de pasillo por donde hay que meter el velero intentando no acercarse a ninguno de las dos peligros. Ayudados de la pleamar y del poco calado de nuestra embarcación, 1,10 metros, nos decidimos a navegar por allí. Un viento que nos entraba con ganas por el través nos hizo escorar en alguna ocasión con generosidad, pero la cosa no pasó de ahí, fueron unos momentos de navegación muy muy divertida y excitante. Tras sobrepasar Las Gemelas nos percatamos que por proa a unos 200 metros asomaba un bajo que en la carta no aparecía, era una gran roca que con la marea alta queda casi oculta por completo, gracias a algunas pequeñas olas pudimos ver la espuma formada al romper estas y marque un waypoint que ya siempre llevaré en mi carta.

       Luego seguimos navegando ya más tranquilos hacia St Jean de Luz por aguas más profundas. Cuando creímos que ya podríamos virar para salvar a la vuelta los bajos dejándolos ahora por babor, hicimos la maniobra, pusimos proa al NW pero no tardamos en darnos cuenta que aún habría que navegar más hacia el E para poder salvar los bajos con tranquilidad. Volvimos a virar y navegamos unos minutos más hacia Sokoa.

      Al rato volvimos a virar hacia el NW y ahora si que teníamos aguas libres para volver a Hondarribia. Al principio tomamos el viento por un descuartelar, posteriormente fuimos apuntando con la proa hacia nuestro puerto de salida y el viento lo tomamos ya de través. Pronto tuvimos que virar un poco más hacia el WSW y el viento comenzó a entrarnos por la aleta de estribor, navegábamos magníficamente a un largo y el gps empezó a pasar la barrera de los 6 nudos de velocidad, llegamos a tener una máxima de 6´8 nudos, lo cual no está nada mal para un cascarón de 20 pies de eslora.

    Para terminar viramos más hacia el sur y el viento lo recibíamos ya por la popa, pusimos las velas durante un rato a orejas de burro y mantuvimos unos alegres 4 nudos de velocidad hasta cerca del puerto refugio, allí recogimos la vela de proa y continuamos navegando solo con la mayor por la desembocadura del Bidasoa. Fue sin duda un tarde memorable para unos novatos como aún lo somos nosotros.

Una imagen del recorrido efectuado y un pequeño vídeo.

Captura

Navegando junto a las gemelas from Andua on Vimeo.