miércoles, 16 de agosto de 2017

La derrota de un sueño.

Las hay para todos los gustos y de todos los tamaños, pero si hay una caracteristica común a todas ellas, las islas, esa probablemente sea el aislamiento. Ciertamente no es lo mismo vivir en una de ellas cerca de un continente que hacerlo en otra a cientos o miles de kilómetros de tierra firme. Algo tendrán esas porciones de tierra para que hallan sido protagonistas de tantos y tantos mitos literários, ellas poseen el atractivo de lo desconociodo y remoto, razón suficiente por la que muchas personas se sientan irremediablemente atraidas por ellas. Han sido soñadas, buscadas, halladas, conquistadas, usurpadas. Han pertenecido a la literatura desde siempre, Homero ya situó en una de ellas, Ítaca, el hogar de Odiseo (Ulises).

El título de esta publicación puede llevar a confusiones, no hablamos de derrotar un sueño, los que viven del mar, los navegantes, ya saben a que me refiero, una derrota no es sino la trayectoria o el rumbo seguido por una embarcación sobre el mar, por ello, lo que aquí se lée es un viaje soñado, muy deseado, más aún, es una travesía que un día llegará, los que me conocen, los que viven cerca de mi, saben de mi obstinación... A menudo suelo recordar cuando tomé por primera vez el timón de un pequeño vaurient, ante mí apareció un nuevo mundo del cual ya no he querido salir. Leonardo da Vinci escribió, “una vez hayas probado el vuelo siempre caminarás por la Tierra con la vista mirando al cielo, porque ya has estado allí y allí deseas volver”, cuanta razón tenía.

He visitado tan solo 9 islas habitadas, pero en cada una de ellas me he fijado en algunas características de sus habitantes, en sus costumbres, su ritmo de vida y he intentado imaginarme viviendo en su aislamiento. Algo tienen los isleños que les marca, algo que a mi me atrae, tal vez sea eso, su aislacionismo. Me encuentro cansado, harto del ritmo de vida tan absurdo que llevamos, tal es así que lo que mi mente me pide es eso, desnonexión… Sí, ya se que muchos me dirán que puedo cambiar mi ritmo de vida sin escaparme a una isla y tal vez tengan razón, pero creo que he caído en la tela de araña tejida por las plumas de tantos y tantos escritores que lograron hacernos viajar con la imaginación mientras leíamos sus relatos. Además, confieso que me gustaría hacerlo, ir a una isla, navegando en mi propio barco. De unos años hacia aquí, el Mediterráneo ha ejercido sobre nosotros un magnetismo tal que pensamos en él casi a diario, esa atracción es tan visceral que tenemos un plan A para el futuro íntimamente ligado a ese mar, una navegación hasta el Mare Nostrum del que se dice allí empezó todo… Seré aún mas conciso, son en particular los archipiélagos griegos los que, como a Ulises los cantos de sirenas, tanto nos atraen. Sabemos que aún hay islas en los que la vida transcurre a un ritmo que tenemos olvidado, lugares donde el equilibrio, la cadencia de sus habitantes, la marca el Sol.

Se que puede sonar aún lejano, pero es nuestra ilusión, un día partiremos, dejaremos atrás todo eso que nos tiene sujetos en tierra firme, será algo así como nuestra recompensa vital. Partiremos en un viaje sin fecha prevista para el billete de vuelta, nuestro cuerpo ya no tendrá el vigor de cuando éramos jóvenes, pero esperamos que la ilusión la mantengamos intacta cuando llegue el día. Tal vez, en alguna lluvia de Perseidas, deberíamos pedir un deseo…

Pero todo camino empieza con un primer paso, y el nuestro será grande, muy grande, para navegar por el Mediterráneo tendremos que rodear primero la península y atravesar las columnas de Hércules en el estrecho que separan África y Europa. Una vez en el Mare Nostrum buscaremos las islas que más nos atraigan mientras nos acerquemos a nuestro destino. Primero será el turno de alguna de las islas Baleares, y luego, luego nos quedará por delante un mar tan deseado como desconocido para nosotros, nos gustaría llegar a Bizerta en la costa tunezina, Pantellaria, la isla italiana conocida como la hija del viento, será una recalada obligada. Las islas Eolias, al norte de Sicilia, morada del dios Eolo, sería otro de los lugares a visitar. Antes de abandonar Italia podríamos recalar en Leuca, puerto situado en la punta del tacón de la bota italiana. Desde allí, con una singladura de poco más de 50 millas, tocaríamos las primeras islas griegas, las Jónicas. En estas islas tendríamos mucho que ver y visitar, personas y lugares. Más adelante, atravesaríamos el canal de Corinto que nos daría paso al golfo Sarónico, y luego ya el mar Egeo, el mar azul del que el escritor griego Nikos Kazantzakis escribió, “feliz el hombre que antes de morir ha podido navegar por el Egeo. En ningún otro lugar se pasa tan serenamente de la realidad al sueño”.

Derrota

Sin prisas, al ritmo que marquen viento y sol, escondiéndonos de la mala mar y conociendo pueblos y gentes, así nos gustaría que fuese nuestro viaje, una travesía cuyo destino será una isla que aún desconocemos, un mar que será nuestro hogar durante… un tiempo, ese es nuestro sueño. Para entonces seremos poseedores de un bien del cual ahora nuestra sociedad adolece, tiempo. Nuestro barco también tendrá ya que ser otro, mayor, más seguro, más confortable, nos gustaría compartir la experiencia con algun amigo, pero de momento no parece que vaya a ser algo sencillo de conseguir, pero bueno, aún falta tiempo y este irá poniendo todo en su sitio. Mientras tanto seguiremos aprendiendo, navegando, pensando en nuestra isla y escuchando consejos de los que conocen aquello. Los grandes viajes se realizan tres veces, una bajo la atenta mirada de la ilusión mientras lo preparamos, dos cuando lo llevamos a cabo y tres cuando lo recordamos.

                                                   Greek flag map

Jonicas, Cícladas, Dodecaneso, Espóradas, son nombres que nos empiezan a ser familiares y nos sentimos atraidos por ellos, un día, esperamos que sea más pronto que tarde, serán nuestro refugio.

“He aprendido lo que cualquier soñador necesita saber: ningún horizonte es tan lejano que no lo podamos alcanzar o superar”, Beryl Markham.





2 comentarios:

Paco Pineda dijo...

Pues buena derrota Fernando, y si me permites, omitiría la escala de Túnez... por mucho que digan, sigue sin "estar el horno para bollos" por aquellos parajes. Ya se que es una escala muy "pinturera", pero mejor hacerla en viaje organizado por agencia... te evitas las "cositas" de los aduaneros magrebies, llevas seguridad, y seguro que no os perdereis nada allí (ni Carthago, ni los museos romanos, ni ná de ná), y vuestra seguridad personal estará a bastante mejor recaudo. Es opinión personal, y seguramente otros os diran lo contrario...

Fernando - Andua dijo...

Es la gran duda que tenemos, ¿ merece la pena ?, la tenemos incluida siempre y cuando todo este follón que estamos sufriendo ahora termine, aunque viendo como pinta el panorama algo me dice que no deberíamos llegar a navegar por allí. Pero bueno, que si hay que saltarse esa visita nos la saltaríamos, nuestra idea es ante todo disfrutar y disfrutar. Gracias por el consejo Paco, a buen seguro que cuando llegue el día tendremos que echar mano de muchos más, sois muchos los que habéis navegado y aún lo hacéis por ese mar. Una cosa tendremos a nuestro favor, no llevaremos ninguna prisa, cuando partamos lo haremos buscando siempre buenas condiciones para navegar, las etapas nada tendrán que ver con una travesía oceánica. La singladura más larga la tendríamos entre Formentera y Cerdeña de unas 200 millas, nuestra idea sería costear todo lo posible. Otro tema importante será la elección del barco, ya sabemos que ande o no ande caballo grande...pero dada las características del viaje tampoco pensamos en complicarnos mucho la vida, algo que nos permita vivir una temporada a los dos a bordo. Otra cosa sería si conseguimos convencer a algún amigo para que nos acompañara, algo que como ya he dicho no parece sencillo de conseguir.
Bueno Paco, lo dicho, que gracias por el consejo, seguro que hablamos mucho más del tema.
Un saludo.