lunes, 2 de octubre de 2017

Corta la quilla

Hace unos años tuve la oportunidad de bucear en un bajo situado frente a la costa del monte Ulía, en Donostia. Su nombre, conocido por buceadores y pescadores como Pikatxilla, traducido al castellano “corta la quilla”, creo que lo dice todo.

Es una roca que en bajamar apenas queda a un metro o poco más de la superficie, suficiente para mandar a pique a una embarcación que choque con ella. En su vertiente norte tiene una caida en picado hasta los –30 m, esta profundidad es la causa de que las inmersiones no sean muy prolongadas. En el fondo, a los –30 m, se suele estar unos 15-20 minutos para evitar entrar en parada de descompresión, luego, el ascenso se hace progresivamente por una pared donde puede verse mucha vida. Alrededor de la roca siempre pueden verse diferentes restos de naufrágios, es muy conocida una antigua caldera perteneciente a un vapor alemán, tambien pueden verse restos de otros naufragios más recientes pertenecientes a pesqueros locales.

Pero la sorpresa llegó hace unos pocos años cuando quedó a la vista, tras haberse ido gran cantidad de arena del fondo, los restos de un barco de madera del siglo XVII o XVIII. Bucear en la Pikatxilla siempre resulta emocionante, es sin duda un lugar emblemático.

Xabier Anatol, un arrantzale pasaitarra ya jubilado, conoce como nadie esa zona maldita para cuantos viven de la mar, no en vano ha visto a lo largo de su vida multitud de barcos accidentados en dicho punto. En algunos de ellos incluso llegó a intervenir para ayudar a recuperar los buques embarrancados, coincidiendo con el tiempo en que trabajó para una empresa de remolcadores marítimos..

«Lo cierto es que en ese sitio se han perdido bastantes barcos y otros muchos han tocado el fondo, porque se trata de una roca muy pronunciada que, con las bajamares y si hay un poco de ola, queda casi al aire, pero el resto del tiempo no se ve. En días de niebla, ahí también se han perdido embarcaciones que, de camino a Pasaia, viniendo de San Sebastián, han solido pegar en ella. Es lo que le pasó hace muy pocos años a un barco que acabó embarrancando en la playa de La Zurriola», explica.

La lista de nombres de naves que han sufrido accidentes en Picachilla es interminable. Anatol hace memoria de uno de los casos que más le impactó, el protagonizado por el pesquero 'Luis Adaro'. Aún recuerda cómo este pegó en la roca y fue a embarrancar a la entrada de la bancha oeste del puerto de Pasaia, en Senekozulua. «Ocurrió a principios de los años cincuenta y fue muy conocido, ya que el salvamento resultó bastante difícil. Hubo que poner cables a tierra», cuenta.

A su memoria vuelven las imágenes algo más recientes de los tres veleros que corrieron la misma suerte que el 'Berriz Patxiku'y hubieron de ser rescatados. «Todo el mundo escapa de la Picachilla. Es un bajo que todos los patrones de pesca de cerco conocen muy bien», afirma.

Pero si este punto de las faldas del monte Ulia es tan peligroso, ¿por qué los barcos continúan frecuentándolo? «Porque es una zona buena para los barcos de bajura. Todo el pescado come en las rocas, como la lubina y otras especies. Si los barcos quieren comer, tienen que arriesgar. Además, entre 1945 y 1950 este era también un sitio de contrabando enorme», señala el arrantzale retirado.


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