"Muere lentamente quien no viaja ni lee, quien no sueña, quien no confía, quien no lo intenta" (Pablo Neruda).
domingo, 19 de agosto de 2012
Navegando a Donostia, dormimos en La Concha.
Una cosa me ha llamado la atención de la capital guipuzcoana, el espacio dedicado a recibir a veleros en travesía es ridículo. Sí, ya se que el puerto donostiarra es muy pequeño y que la demanda de pantalanes es enorme, pero creo que al menos debería de existir un servicio de boyas de fondeo para tal uso, no digo colocar un gran número de estas, pero pienso que colocar algunas para cubrir este hueco podría tenerse en cuenta.
jueves, 2 de agosto de 2012
Navegando junto a Las Gemelas.
El martes pudimos disfrutar de un día espectacular navegando frente a Iparralde, el viento estuvo presente toda la tarde y hasta podría decirse que fue muy generoso. Eolo soplaba desde el Norte con un toque del Este con una fuerza de entre 10 y 12 nudos con alguna racha de poco más.
La marea estaba alta y la mar de fondo brillaba por su ausencia, era el día perfecto para tentar un poco a la suerte...La idea de navegar frente a las gemelas me rondaba desde hacía unas semanas, allí hay que navegar por un paso delimitado por un lado por la propia costa y por el otro están los bajos conocidos como Las Erretas, son unos 400 metros de pasillo por donde hay que meter el velero intentando no acercarse a ninguno de las dos peligros. Ayudados de la pleamar y del poco calado de nuestra embarcación, 1,10 metros, nos decidimos a navegar por allí. Un viento que nos entraba con ganas por el través nos hizo escorar en alguna ocasión con generosidad, pero la cosa no pasó de ahí, fueron unos momentos de navegación muy muy divertida y excitante. Tras sobrepasar Las Gemelas nos percatamos que por proa a unos 200 metros asomaba un bajo que en la carta no aparecía, era una gran roca que con la marea alta queda casi oculta por completo, gracias a algunas pequeñas olas pudimos ver la espuma formada al romper estas y marque un waypoint que ya siempre llevaré en mi carta.
Luego seguimos navegando ya más tranquilos hacia St Jean de Luz por aguas más profundas. Cuando creímos que ya podríamos virar para salvar a la vuelta los bajos dejándolos ahora por babor, hicimos la maniobra, pusimos proa al NW pero no tardamos en darnos cuenta que aún habría que navegar más hacia el E para poder salvar los bajos con tranquilidad. Volvimos a virar y navegamos unos minutos más hacia Sokoa.
Al rato volvimos a virar hacia el NW y ahora si que teníamos aguas libres para volver a Hondarribia. Al principio tomamos el viento por un descuartelar, posteriormente fuimos apuntando con la proa hacia nuestro puerto de salida y el viento lo tomamos ya de través. Pronto tuvimos que virar un poco más hacia el WSW y el viento comenzó a entrarnos por la aleta de estribor, navegábamos magníficamente a un largo y el gps empezó a pasar la barrera de los 6 nudos de velocidad, llegamos a tener una máxima de 6´8 nudos, lo cual no está nada mal para un cascarón de 20 pies de eslora.
Para terminar viramos más hacia el sur y el viento lo recibíamos ya por la popa, pusimos las velas durante un rato a orejas de burro y mantuvimos unos alegres 4 nudos de velocidad hasta cerca del puerto refugio, allí recogimos la vela de proa y continuamos navegando solo con la mayor por la desembocadura del Bidasoa. Fue sin duda un tarde memorable para unos novatos como aún lo somos nosotros.
Una imagen del recorrido efectuado y un pequeño vídeo.
Navegando junto a las gemelas from Andua on Vimeo.
sábado, 28 de julio de 2012
Los tesoros del Mediterráneo
Hacía ya 3 años que no nos acercábamos al Mediterráneo, su recuerdo me venía a la mente con frecuencia. La última vez lo visitamos, mis hijas tenían 7 años
y apenas podían entonces bucear un poco con sus gafas, tubos y aletas.
Esta vez ha sido diferente, con casi 11 años cumplidos la aventura estaba servida. Pertrechadas con sus equipos de snorkel hemos podido disfrutar de los fondos de las calas de Calella de Palafrugell a pleno pulmón.
Estrellas de mar, bancos de salpas, sargos, erizos, pulpos, y otros habitantes del Mare Nostrum, han sido algunos de los tesoros que hemos podido ver bajo la superficie, pero si alguno a destacado por encima de todos han sido las Orejas de Mar, el nácar del mar.
Solíamos visitar por las mañanas las pequeñas calas situadas a pie del pueblo, allí, en la de Port Bo, o en la de Platja d´en Calau, o en la de Malaespina, o en la de El Canadell, nos zambullíamos en busca de los tesoros del Mediterráneo. Para los que estamos acostumbrados a bucear en el Cantábrico, el Mediterráneo nos parece una maravilla, poder disfrutar de una visibilidad de 15 metros o más es algo que ocurre en nuestro mar al año contado con los dedos de una mano.
Las inmersiones a pulmón se sucedían, había que descender entre 4 y 8 metros en busca de las conchas de estos preciados moluscos. Al quedar postradas sobre el fondo con la parte de nácar hacia arriba no es complicado verlas desde la superficie, los rayos de sol que atraviesan el agua y llegan hasta esas profundidades las delatan por sus brillantes reflejos.
Vas inspeccionando el fondo desde la superficie, afinas la vista y de pronto un destello te avisa, una reluciente oreja de mar aguarda allí abajo. Te detienes, inspiras aire con tranquilidad, llenas y vacías tus pulmones unas cuantas veces y finalmente haces una buena inspiración que te permita tener una buena reserva de combustible mientras estás allí abajo. Con un golpe de riñón te sumerges y enseguida tienes que hacer la primera compensación de presión en los oídos, te cierras los orificios de la nariz, intentas expulsar aire por ellos, pero enseguida son los tímpanos los que ceden a la presión y dejan desalojar el aire que los oprime. Si la inmersión es profunda probablemente haya que volver a compensar, luego recoges la brillante oreja de mar, y sigues buceando buscando por el fondo algún otro tesoro. Pero la reserva de aire pronto llega a su fin y tenemos que volver a la superficie. Son apenas 40, 50 ó 60 segundos los que transcurren, pero las sensaciones siempre son fantásticas. También pudimos recoger de allí abajo, algunos pequeños esqueletos de erizos de mar, son algo así como unas conchas sumamente frágiles con forma esferoide achatada con una bonita superficie granulada.
Así, entre bocanadas de aire retenidas en los pulmones, la lectura de un libro sobre un increíble viaje de 20 años navegando en un velero de menos de 8 metros alrededor del mundo, la visita a algún faro y el olor a Mediterráneo, hemos vuelto a pasar unos días en aquella orilla que tanto estábamos añorando en casa. Algo tiene ese mar que nos embruja y que cada vez que lo visitamos volvemos a casa con la convicción de que algún día allí viviremos un gran sueño…
Pero llegamos a casa y una sorpresa nos aguarda al día siguiente, llama el cartero a la puerta y nos entrega un paquete, ¡¡ ya está, es mi libro !! antes de irnos al Mediterráneo dejé hecho el pedido a la editorial y antes de lo previsto ya me lo mandan. Este va a ser también un tesoro, pero será del Cantábrico. Nervioso abro el paquete y manoseo el libro, me encuentro emocionado, creo que ha quedado muy bonito, el interior me gusta y me leo enseguida algún párrafo. Sueño cumplido.
viernes, 13 de julio de 2012
El viento en la bahía de Txingudi…mejor por la mañana.
Es muy común ( con tiempo estable ), sobre todo con vientos del cuadrante entre el N y el W, que ha ciertas horas disminuyan mucho o incluso desaparezcan las brisas en la bahía de Txingudi, el ciclo podría decirse que es el siguiente: a primera hora de la mañana es normal que apenas haya brisa, luego digamos que a eso de las 10h ( siempre hora aproximada ) comienza a soplar, está subirá más o menos y se mantendrá bastante estable hasta eso de la 17h ó 18h para luego esconderse de nuevo.
Otra cosa muy diferente puede suceder con vientos de otra componente, los vientos del E y del S funcionan de otra manera, sobre todo los del sur, viento que yo llamo “viento loco”, por lo impredecible y poco constante de su fuerza y dirección, este parece que va como a trompicones, subiendo y bajando los nudos de su fuerza a su antojo.
Ayer jueves salí con mi amigo Iurgi y volvimos a tener un claro ejemplo de como funciona el viento. Durante la mañana el viento se mantuvo alegre, sin pasarse pero todo apuntaba a una buena navegación para la tarde, llegó a los 10-12 nudos y así se mantuvo unas cuantas horas. Partimos del pantalán cerca de las 17h, aún teníamos un viento bonito. Al llegar al final de los espigones en la desembocadura del Bidasoa ( 20 minutos más tarde ) ya pudimos apreciar que la brisa no tenía ya la misma alegría, mantenía aun cierto soplido que entraba aproximadamente entre los 350º y los 0º, pero ya no era el viento de la mañana. Con esa componente de viento salir de Txingudi para intentar navegar por detrás de Jaizkibel sabía que iba a llevar su tiempo, estaríamos obligados a realizar algunos bordos. Pusimos primeramente rumbo entre 80º y 85º navegando de través y lo mantuvimos a una velocidad de unos 3 nudos unos 15 minutos para ganar ángulo y poder salvar, “con suerte”, en el siguiente bordo el Cabo de Higuer. Tras virar por avante pusimos proa a unos 310 º- 320º y enseguida nos dimos cuenta que aún no salvaríamos el Cabo de Higuer, y para colmo notábamos como el viento seguía su línea decreciente y el empuje iba disminuyendo. Volvimos a dar otro bordo hacia el E y ganamos de nuevo ángulo para pasar el cabo. Aún tuvimos que volver a dar un giro más por avante para salvar el cabo… ¡¡ vaya odisea con el dichoso viento N !! Finalmente, con un viento que apenas nos hacia navegar a dos nudos decidimos en la punta ya del Cabo de Higuer volver a puerto. Opté por probar algo que me gusta mucho, pero que aún me queda por aprender más para utilizarlo correctamente, pusimos las velas a “orejas de burro” y con el poco viento que soplaba de popa entramos de nuevo hasta cerca del puerto pesquero, allí la paciencia se nos terminó, bajamos velas y pusimos motor dando por terminada la tarde de navegación a vela.
Un vistazo a la carta con el recorrido.
Iurgi se tomó la molestia de ir grabando algunas imágenes y el resultado es este video:
https://www.youtube.com/watch?v=bvcbyTjJmyQ
sábado, 7 de julio de 2012
Escuchando al viento en proa.
Varias carambolas hacen que hoy estemos solos sin nuestras hijas, a pesar de las previsiones de viento flojo durante la mañana decidimos no perder la oportunidad y salimos a navegar. Lo hacemos pronto, son las 9 h y ya hemos soltado las amarras del pantalán, no queremos perdernos un instante de esta radiante mañana. Por un momento dejo llevarme por la imaginación – y la corriente vaciante del Bidasoa – y me parece que estamos partiendo de un puerto en el Mediterráneo, aguas tranquilas, temperatura perfecta, cielo azul…
Nos cruzamos con la embarcación que une Hendaia y Hondarribia y vuelvo a situarme en el Cantábrico, de todas formas la bahía de Txingudi es un buen lugar para sacar las velas al viento, nada que envidiar al Mare Nostrum. Tras dejar atrás los espigones que delimitan la desembocadura del Bidasoa, decidimos izar las velas a pesar del viento flojo que casi ni mueve los pabellones del barco. Trimamos las velas lo mejor que podemos con la esperanza de que estas recojan todo el viento que puedan, y ponemos rumbo 20 º N. El viento entra por el NNW y navegamos casi de través ( digamos mejor a un descuartelar ) intentando avanzar todo lo rápido que esta suave brisa nos permite, que no es mucho, apenas sobrepasamos los 2 nudos.
A eso de las 11 de la mañana la brisa gana un poco de fuerza y nos alejamos de la costa sobrepasando los 3 nudos, disfrutamos viendo de vez en cuando algún pez luna ( Mola mola ) dar saltos fuera del agua. Tras navegar hacia el norte más de dos horas decidimos volver, viramos por avante y ponemos rumbo al Cabo de Higuer. La brisa se mantiene y llegamos a alcanzar los 4 nudos, la navegación nos es tan placentera que al entrar en la bahía de Txingudi decidimos volver a salir hacia el norte durante un rato y disfrutar del suave viento. Tras volver definitivamente a la bahía nos amarramos a una boya frente a la escuela de vela, comemos y nos bañamos, la temperatura invita a ello.
Marta ha practicado hoy también con las velas y el timón, poco a poco va conociendo las diferentes maniobras que se realizan a bordo y los nervios de los primeros días ya han quedado atrás. Hoy me he colocado un rato en proa mientras navegábamos, allí puedo escuchar al viento, es verdad lo que dicen, el viento susurra al entrar en las velas.
Zaldi está de estreno, su vela mayor ya tiene funda, y el toldo para los ratos de baño está casi acabado.
Un video del día
Un vistazo a la carta